Nelson Domínguez. Un hombre que no cesa...


isel 16-02-2018

Por: Alexis Triana / Fotos: Nicolás Pavie y Nelia Moreno

Ahora mismo está sentado como si nada, en medio del segundo piso de esta inmensa casa taller, casi frente por frente a la Plaza de Armas, y cuyo portón mira a la estatua del caballero de París, -que a todos los incautos les da por querer agarrar de la barba-. Mas él ni tiempo tiene para esos augurios: anda fundando, y habla con reposada pasión de sus nuevos sueños.

Lo escoltan Oriol, el director del Teatro de Los Elementos, y Estrada, quien le lleva anotada la realidad, y su bella y joven esposa Danae, quien elige imágenes de las obras en la computadora para el próximo Dosier de Arte por Excelencias.

Otros a su edad física hacen recuentos de sus decepciones y fracasos: él se viste de todo blanco, e invita a los amigos a su nueva boda en las estribaciones del Escambray. Porque siempre está llegando antes a todas partes, quizás por el olfato del guajiro que nunca deja de ser, o porque su sentido de la realización sobre la tierra es ser útil, y el dinero es sólo una moneda. Que para algo nació en Baire, provincia Granma, a estos caminos del mundo.

Oriol me advierte que es el mismo Nelson que conoció en la Escuela Nacional de Arte, y después reencontró en la Universidad de las Artes, cuando ya era un profesor con méritos indiscutibles, por haberlo preparado la gran Antonia Eiriz para que le sucediera en la enseñanza artística, y de la que hoy es profesor consultante.

Los más, quisieran ahora mismo una galería en el Vedado o Miramar; él nos invita justo sobre el 14 de febrero a la inauguración de la única galería de arte rural del país; y te puede hablar durante horas lo mismo del taller de gráfica en la Villa Panamericana, que del proyecto Bolsillo Flaco, o la última donación de obras para ambientar un hospital, que del último sueño para la Galería Los Oficios en plena Habana Vieja.

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"Este proyecto nació de una convocatoria de Oriol a los artistas para que fuéramos a pintar a El Jobero, y allí creció la necesidad de hacer nuevas cosas, hasta que surgió la posibilidad de abrir una galería de arte, con iluminación profesional y curaduría, y todas las condiciones que ella requiere. Porque los que viven allí, que son campesinos, tienen el mismo nivel de instrucción que nosotros, y quieren poder asistir a la inauguración de una exposición, y apreciar el arte como el que más.

Por eso, este concepto desborda la idea tradicional de la galería de artes plásticas, e incluye un taller de cerámica y una casa de la cultura, y un lugar de reunión social para celebrar hasta los cumpleaños, o proyectar filmes y hacer conciertos. Tenemos muchos planes de desarrollo para el lugar, y la apertura de la galería es sólo otro de ellos. Ya dejó de ser ideas para ser una realidad... una comunidad cultural como siempre pensó Oriol para los 27 años de Teatro de los Elementos en Cumanayagua, Cienfuegos. Y que como parte de un proyecto de iniciativa municipal de desarrollo local, tener un horno que permita la creación industrial de esos productos, e incorpore a la comunidad como participantes activos.

Es mi forma de hacer y pensar: ver la Isla como país, no como La Habana. Es como que vivo en Cojímar, y logré permutar mi casa propia tras siete años de gestiones con el estado. Y vamos a convertir unas ruinas que están delante en un espacio que se llamará Casa Abierta. Martí vivió allí en determinado momento, y la idea inicial era un museo vivo, mas ahora queremos que los que tengan colecciones en sus casas, y sólo lo vean ellos, las traigan ahí y hasta cobren la entrada, y de esos ingresos puedan dar un porciento al desarrollo local.

Nelson y el autor de la entrevista en la Galería Los Oficios en La Habana Vieja

Me involucro porque creo en ello. Tal y como hicimos con el proyecto Bolsillo Flaco, una visión que se me ocurre un día, pensando en que el público cubano conoce a sus artistas, pero no tiene el poder adquisitivo para el valor de esas obras. Entonces hicimos esas mismas en formato pequeño, hasta del tamaño de una tarjeta magnética, para fomentar el coleccionismo popular; y que tuviera el valor de una botella de ron, por ejemplo, que alguien se toma todos los días. Y va a ser más necesaria a su familia y a su espíritu, porque se trata del acceso de los ciudadanos a la obra de arte.

Y ha tenido mucho éxito en las ferias, porque es un movimiento en todo el país, donde haya base para la obra gráfica. Hemos donado dos talleres, uno a Guantánamo y otro a Granma, con máquinas para litografía y serigrafía, y eso ha permitido que los artistas tengan la posibilidad de participar. En algunos lugares se llama diferente, mas el concepto es el mismo. Hay personas que ya tienen sus colecciones de Bolsillo Flaco, porque las han ido adquiriendo en la Feria de Arte en La Rampa, que fue donde empezamos a llevarlas.

Yo prefiero ser oportuno y no oportunista, y hay proyectos que pueden parecer muy mediáticos a primera vista, sólo que se hicieron muy bien pensados, con curaduria y permanencia, por casi diez años. En el Taller de Gráfica Contemporánea de la Villa Panamericana, hacemos todo tipo de reproducciones de obras por encargo, y le hemos conciencia a los artistas del valor de la gráfica, para multiplicar el alcance de su obra, y preservar la obra original.

Es como el trabajo que hacemos en los hospitales - galerías, que se inció a raiz de que estuve internado un dia en Ciego de Ávila, y cuando ví las paredes del cuarto, me dije: aquí falta nuestro espíritu. Y entonces, rememorando nuestra primeras etapas de donaciones como artistas a estos centros médicos, donde hay muchas obras maltratadas por el tiempo −salpicadas hasta de sangre, como en Santa Clara, por lo que sucede en un hospital−, concebí que se hiciesen las obras en murales de cerámica para estos espacios públicos, para que sean como galerías al are libre.

Lo mismo hicimos en Las Tunas, o queremos en Holguín, e igual se ejecutó en Camagüey, en Santi Spíritus, en Cienfuegos; yo convoco a los artistas, porque fui profesor en la ENA y el ISA, y tengo amigos y colegas pintores, y trabajamos a pie de obra.

Es lo que ahora mismo se hace con el Hospital de 26, en La Habana, con obras de ochenta o noventa artistas del Taller de Gráfica Contemporánea. O una donación que estamos entregando al Ministerio de Cultura de Cuba, de varios de esos artistas, valorada en diecisiete mil dólares, para lo que se disponga y necesite para la promoción del arte y la cultura cubanos.

Creo que la comercialización de la obra de arte ha hecho desaparecer en algunos el sentido de la solidaridad, de entregar sin recibir a cambio más que la dmiración y amor de los tuyos. Es verdad que el artista vive de su obra, pero hay muchos que necesitan de nosotros, y los artistas tenemos que dar nuestro do de pecho".


La voluntad de compartir el arte con todos


Él está mostrando a las nuevas generaciones el camino de compartir lo bello y entregar el arte a todos, sin distinción geográfica o reparar en la solvencia económica

Autor: Julio Martínez Molina

27 de febrero de 2018

CUMANAYAGUA, Cienfuegos.-En fecha reciente, el creador visual cienfueguero Juan Karlos Echeverría Franco, fundador del recordado grupo de creación Punto, apreciaba: «En los años 80 y 90 la comercialización era una utopía, ahora hay un mercado mucho más abierto. Cualquiera alquila la sala de una casa en una zona turística y la inunda de sus pinturas, válidas o no. Hoy hay demasiada atadura al mercado. Nuestra intención era revolucionar, mover ideas e involucrar a otras manifestaciones. Vendíamos, pero no trabajamos para satisfacer el antojo de turistas viajeros».

Al recorrer ciudades como esta de Cienfuegos u otras del país, repletas de «galerías» con «pacotilla visual» para la venta al foráneo, a uno suele invadirle cierto pesimismo; sobre todo al ver jóvenes formados por nuestra enseñanza artística involucrados. Sin embargo, la proyección y el ejemplo de grandes maestros como Nelson Domínguez devuelven la esperanza.

Él está mostrando a las nuevas generaciones el camino de compartir lo bello y entregar el arte a todos, sin distinción geográfica o reparar en la solvencia económica, solo en función de privilegiar la riqueza espiritual y fortalecer la ineludible educación estética.

Es justo cuanto está haciendo desde hace ya varios años el Premio Nacional de Artes Plásticas 2009 a lo largo del país.

Domínguez desarrolla, al unísono, tres grandes Proyectos de perfil comunitario denominados: Bolsillo flaco, Hospitales-Galerías y Galerías rurales, todos de extraordinaria repercusión social e incidencia artístico-educativa.

En torno a los dos primeros, comenta a Granma: «Bolsillo flaco fomenta el coleccionismo popular, con obras que pueden ser costeables con mayor facilidad. Para ponerte un ejemplo, puede valer lo mismo un grabado de pequeño formato que una botella de Havana Club añejo.

La galería rural de El Jobero abrió con materiales gráficos de la colección privada del maestro, pero articulará ciclos de exposiciones con la obra de disímiles creadores. Foto: Del autor

«Somos un país con una alta instrucción y la gente conoce a sus artistas. Entonces, todo el mundo quisiera tener un dibujo de Pedro Pablo Oliva, de Flora Fong o de Ever Fonseca. Y creo que ese justo anhelo debe cumplírsele. Este proyecto lleva cerca de una década y en todos los lugares donde sea posible lo queremos desarrollar», sostiene.

El creador ha desarrollado obras de pequeño formato de cara a su iniciativa Bolsillo flaco. Tales trabajos, además de asequibles a los sectores sociales de menor poder adquisitivo, pueden transportarse con facilidad de un territorio a otro.

Por su parte, el proyecto Hospitales-Galerías fomenta la creación de murales, donados a hospitales provinciales. Hasta el momento, existen tres de estos emplazamientos de gran formato, ubicados en tales centros médicos de Las Tunas, Camagüey y Cienfuegos.

«Estas unidades asistenciales son muy visitadas cada día, no solo por pacientes, sino además por miles de familiares. De tal manera, se trata de espacios óptimos para que la gente pueda apreciar y pensar a través de la obra artística, con todo cuanto su influjo benigno proporciona», considera el maestro.

La expresión práctica de Galerías rurales, su más joven proyecto (en términos de concreción, no de planificación puesto que lo concibió hace mucho tiempo) fue, la semana anterior, la apertura de la galería rural Molino rojo en la comunidad premontañosa cienfueguera de El Jobero, en la sede de Teatro de los Elementos.

«Yo soy de procedencia campesina y de ahí surge esta idea. Gracias a la existencia de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, en el Caney de Las Mercedes, donde había maestros de pintura, pude estudiar la manifestación. Siempre quise que las personas que tienen inquietudes artísticas y que viven en el campo accedieran al arte, pero estaba el escollo del ¿cómo?, ¿qué hacer en ese caso?

«Tal disyuntiva fue lo que posibilitó la existencia de este espacio. Estamos en conversaciones con las autoridades de Santiago de Cuba para ubicar la segunda en Baire, en el batey de la finca La Juba, de mi abuelo. La tercera radicará en Pinar del Río, en Minas de Matahambre», adelanta.

«Espero que la idea sea retomada por los artistas más jóvenes y, además, que los gobiernos de cada provincia los apoyen para que se acometa este tipo de empeño, que es beneficioso porque la gente, sin necesidad de desplazarse hacia las ciudades, va a poseer cerca de sí cuanto necesita; entre ello, el arte».

Nelson conoció a José Oriol González, de Teatro de los Elementos, en la Escuela Nacional de Arte (donde el artista estudiara de 1965 a 1970, fuera asistente de Antonia Eiriz y luego regresara como profesor).

El pintor confiesa que esa amistad con Oriol -y el fuerte apoyo de dicho hombre de teatro- resultó el elemento clave que propinó el espaldarazo definitivo a la cristalización de la primera galería rural de Cuba en los predios de esta comunidad cultural de El Jobero, donde Domínguez llegó por vez primera hace años, junto a otro grupo de pintores, incluidos sus hijos, según evoca.

La galería rural abrió con la exhibición de un grupo de obras gráficas: litografías, serigrafías y algunas telas de la colección privada del artista; si bien en fecha próxima se realizará una programación para el centro, con la participación de diversos artistas, de acuerdo con las intenciones de Domínguez.

«Pensamos también, más adelante, erigir aquí un taller de cerámica, una casa para actividades culturales, talleres de decoración interior del hogar, establecer cursos de bonsái para niños y adultos... en fin, esta galería es solo parte de una intención mucho más amplia que comienza ahora», comenta.

El proyecto Galerías rurales se concibió en El Jobero bajo la observancia de patrones arquitectónicos remisivos a las cuerdas de nuestra autoctonía. «A veces los campesinos construyen casas en medio de la montaña que parecen de otro lugar y creo que debe rescatarse ese elemento de cubanía en el hecho arquitectónico, re-trabajar lo vernáculo y conferirle una riqueza de diseño».

Ufano, con toda razón, el merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional y la Orden Alejo Carpentier estima que «en general, esto es un proyecto que alberga nobleza, tiene su riqueza y pienso que al resto de los artistas amigos, compañeros míos de la escuela y otros jóvenes les pueda interesar; sobre todo a los artistas que nacieron en el campo, para quienes puede devenir como un verdadero retorno a la semilla».

En el caso suyo, la imagen es literal. De Baire, junto a la cordillera de la Sierra Maestra -donde nació en 1947-, regresó a su esencia misma, al llegar a El Jobero, a la vera del Escambray, para regalar su arte a la comunidad y a los visitantes cubanos y extranjeros que cada año acuden a la sede de Teatro de los Elementos.