Crítica de Arte Liang Domínguez Fong


Liang Domínguez ha hecho un acopio de recursos que aprendió de maestros del grabado como Chocolate, Nelson Domínguez y Belkis Ayón, sin embargo sus obras, acusaron desde muy temprano una singular perspectiva de originalidad. La figura femenina, recortada contra los fondos constituía el motivo único de un conjunto de telones o banderolas que creaban una singular heráldica; usaban el cuerpo para interpretar la lógica y dinámica de sus movimientos -físicos y espirituales- hasta petrificarlos en imágenes de acusada objetualidad. El sentido gráfico de aquellas obras -Nacimiento, El amuleto, La hoja, Pedestal, Procreación, (Laberinto, Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, 1999), traía a colación la ubicuidad sígnica de prototipos de la cultura popular como los exvotos, las sombras chinescas, el teatro de máscaras, o las estampas japonesas.

Su más reciente proyecto Soñando en blanco y negro da continuidad al trabajo con el cuerpo, pero esta vez son siluetas de la artista, quien se usa a sí misma como patrón humano de alcance universal. Como un recurso metafórico de la condición transfigurada del arte se entrecruzan lo individual y la experiencia colectiva. Referencias a la música, sus instrumentos, la gestualidad del ejecutante, la similitud entre la funcionabilidad de los órganos humanos y las tensiones de la ejecución musical, etc, son algunos de los comentarios que de aquí se derivan. Mucho más profusas que en el trabajo con la gráfica estas obras alcanzan a incluir otros materiales y técnicas sometiendo al pellón como soporte de una huella pictórica.

Dannys Montes de Oca Moreda

La Habana, noviembre del 2004