Crítica de Arte-Antoine Mena

Mi pintura proviene del subconsciente en el proceso de una pieza puede haber varias ideas iníciales o sea varios cuadros `tapados´. Casi nunca en su totalidad para que se unan y dialoguen entre sí, para mí en la parte formal y conceptual, tapar o quitar, crear o destruir, no es más que lo mismo ya que cuando creamos un espacio destruimos otro y viceversa. Mis pinturas temáticamente son productos de mis experiencias y mis argumentos insostenibles sobre la vida que disfruto tanto.

Antoine Mena

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La iconografía femenina de Antoine Mena

Estela Ferrer. 15 de Mayo de 2017


A partir de imágenes que toma de los wallpapers y luego manipula en computadora comienza para Antoine Mena (La Habana, 1983) la invención de su cosmo personal, un espacio donde lo principal es la figura femenina. Culminado el proceso, la foto original da paso a otra donde muchas veces el rostro es construido solo mediante manchas de una gran fuerza expresiva.

A primera vista podría creerse que el color es aplicado en trazos rápidos, frenéticos, pero es todo lo contrario. Antoine trabaja sobre lienzo, racionaliza cada pincelada, toma distancia y continúa el proceso. Las creaciones son fieles a su naturaleza: enérgicas, pero al mismo tiempo equilibradas.

Antoine es egresado de la Academia de Artes Plásticas San Alejandro (2008) y en 2010 cursó el Taller Los nuevos fieras creado por la artista Rocío García. Actualmente su paleta tiende más a colores suaves y fríos, si fuéremos a mencionar influencias en el presente, afloran Basquiat y el bad painting en esa forma un tanto arremolinada de la pincelada, de manera que la figuración es casi nula, donde también se evidencia un gusto por la figuración abstracta y por el uso de diversos encuadres que hacen muy atendibles sus composiciones al proponer otras perspectivas de los motivos centrales. A veces, es solo un torso que apela a figuras de la antigüedad clásica, pero que desde su aparente pasividad, de la complacencia que genera, existe una reflexión silenciosa acerca de la violencia, los arquetipos o modelos de belleza establecidos socialmente.

En La profesora, el artista se detiene en uno de los roles más evocados por los chicos en la adolescencia, la supuesta sensualidad de la maestra. Por ello el rostro no es importante, no es una maestra en particular, es la figura social que despierta el morbo entre los estudiantes. Antoine Mena -debo decir- indaga en el retrato, pero un retrato que se aleja de los modos hiperrealistas de la vanguardia o naturalistas de la academia. La suya es la gestación de imágenes evocadoras, cuestionadoras, que interrogan al espectador acerca de todo lo establecido en cuanto a patrones, conductas sociales y modos de consumo.

Ego, Atmósfera y Eva tiró la manzana son quizás sus piezas más figurativas, trabajadas igualmente con acentuados aires abstractos y una paleta que va desde la recurrencia al blanco para veladuras hasta intensos rojos con una carga semántica vital para ponderar el propio ego en dicha obra. En Eva... se hacen notables las influencias del dripping, la manera en que se involucra con el propio cuadro.

Cabaretera, pieza del 2016 es tal vez una de sus creaciones más desgarradoras, posee toda la carga dramática de esos retratos de Munch, incluso remite al sórdido espacio de la noche plagada de vicios. Son piezas únicas donde puede palparse el tiempo que le toma decidir cada pincelada, ver sus efectos y cómo va complementándose y buscando equilibrio con el resto de la composición. Es, por qué no, también parte de una iconografía muy personal, de sus marcas como artífice que poco a poco se van delineando a medida que el tiempo transcurre. Elucubraciones del subconsciente. No obstante, Antoine se apega a sus cavilaciones, en medio de un laxo que cada vez se presenta más álgido, desde el instrumento que posee para hacer la crítica: su arte.

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Al igual que otros jóvenes artistas de la isla, Antoine Mena comparte su estudio, de ahí que, una vez dentro, da la impresión de habitar una galería, singularizada por los pinceles y tubos de óleo dispersos. Sus piezas se encuentran en el segundo nivel, casi al final de este, dispuestas alrededor de una mesa grande y repleta de vestigios que sugieren una intensa experimentación con el color.

Prefiere que su obra hable por él y despliegue toda su capacidad de diálogo con el espectador, de manera tal que este pueda crear a la vez sus propios universos, casi como un alter ego de su creador. En varios de los lienzos subyacen creaciones anteriores resueltas ahora en capas cuyos efectos visuales dotan a los nuevos cuadros de una profundidad y riqueza singulares, a los cuales se une la propensión de trabajar sobre la línea y los ángulos rectos como referentes de la contemporaneidad.

Mena reconoce aquí su interés por la fragmentación de los bordes en la pieza, por cubrir elementos con grandes planos, con una línea fuerte capaz de interferir con la parte más figurativa o académica y que derive en una figuración expresionista con el signo de una creación espontánea interesada en hurgar la condición interna de los personajes, en su mayoría femeninos. Sin embargo, antes de llegar al cuadro, Mena se sumerge en la exploración de decenas de imágenes para escoger aquellas que manipulará digitalmente en un acto que califica como un acto vital y espontáneo.

Una vez que visualiza la imagen que quiere transformar, comienza a experimentar con la gama de colores al tiempo que recorta, incorpora objetos y nuevas formas de una manera que le resulta muy natural y sobre todo muy rápida en función de la transformación deseada.

En una etapa anterior, el trabajo terminado se convertía en una lienzografía, no obstante, la experiencia de pintar y la posibilidad de conmutar la frialdad de un programa digital en un lienzo han sido determinantes en su trabajo artístico más reciente. En esa mutación o reinterpretación, Antoine Mena reconoce su creación, sobre todo en términos de desarrollar una simbología alrededor de los personajes, derivada de su subconsciente y que al mismo tiempo logre efectos diversos en la conciencia del público. Así, valiéndose además de las herramientas digitales más rústicas, dirige la fuerza expresiva de sus trabajos hacia formas retorcidas en combinación con influencias de la iconografía pop y el estilo bad painting.

Esto último se hace aún más reconocible en sus composiciones de trazos toscos, gruesos y discontinuos; y en el contraste violento de los tonos escogidos para cada caso y que refuerzan determinados discursos relacionados con la figura de la mujer y, más recientemente, con la iconografía de las nuevas tecnologías. Antoine Mena se confiesa intrigado por el género opuesto y sus comportamientos en la sociedad moderna, lo cual justifica su serie pictórica más extensa.

Mujeres recrea de manera sarcástica las necesidades materiales y espirituales de este universo, con particular atención en las circunstancias históricas y sociales que lo han condicionado, e insta a reflexionar acerca del consumismo y la superficialidad.

Entre estos cuadros llama la atención otro de medianas proporciones y que simula la pantalla de un reproductor audiovisual. Para este primer ensayo, el joven pintor se ha enfocado en el ícono "Reproducir" como recurso para dejar en manos del público la posibilidad de construir su propia narración, lo que, a su vez, dota a la pieza de una movilidad aparente.

Prefiere no aventurarse sobre esta nueva serie, reflexionar y mantenerse constante a su máxima de dejar la creación como acto puro y libre.