Crítica de Arte - Eurico Borges

Queirós y Martí confluyen en la pintura de Eurico Borges



"Entre Eça de Queirós y José Martí" quedó inaugurada este jueves con la presencia del excelentísimo señor Luís Barreiros, embajador de Portugal en Cuba, y el Dr. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, en la Galería Carmen Montilla del Centro histórico de la capital cubana.

Para el pintor portugués Eurico Borges el pasado también es presente y por tal motivo, valen los encuentros que nunca ocurrieron si los puede propiciar en su obra pictórica como ha hecho en la exposición "Entre Eça de Queirós y José Martí" inaugurada este jueves con la presencia del excelentísimo señor Luís Barreiros, embajador de Portugal en Cuba, y el Dr. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, en la Galería Carmen Montilla del Centro histórico de la capital cubana.
Borges, se propuso un gran reto en esta ocasión: entablar un diálogo entre dos prestigiosos intelectuales del siglo XIX que nunca se relacionaron y lo logró, a pesar de que conoció sobre el Apóstol tardíamente: "Hace trece años vine a Cuba y me establecí aquí. Hasta ese momento no había escuchado hablar de José Martí, pero ahora no he dejado, ni dejaré de estudiarlo. Por otra parte, la relación que tuvo Queirós con este país, a pesar de que no conoció a Martí, realmente me enamoró, por ello es que me lanzo a la aventura de confrontarlos. En esta expo busco valores y principios del mejor escritor portugués del siglo XIX e intento encontrar una correspondencia de ellos en la obra de Martí, una temática que continuaré trabajando en próximas exposiciones".


A propósito de la concurrencia de ambos en la obra del pintor portugués el embajador de Portugal en Cuba expresa en el catálogo: "De un lado el poeta, el pensador, el patriota y revolucionario independista cubano; del otro, el escritor portugués, diplomático por profesión, romántico y periodista por devoción, el crítico cortante de la sociedad portuguesa contemporánea, aquel que sobre el manto diáfano de la fantasía traía a sus lectores la desnudez cruda de la verdad".
Por su parte, el Dr. Leal destacó la importancia de la expo en la cual el artista propone mostrar la esencia de dos vidas paralelas: la de Eça de Queirós y José Martí. "Como suele ocurrir en la Historia, estos dos grandes hombres coincidieron en una misma época, pero no pudieron conocerse personalmente. Ni en la obra literaria, ni en la correspondencia de ambos hemos podido encontrar referencias del otro. Sin embargo, es asombrosa y sumamente interesante la unidad de ambos en el propósito de comprometerse con las causas justas".
Mientras Martí vivía el exilio en España, Queirós se desempeñaba como cónsul de Portugal en Cuba entre 1872 y 1874, periodo en el cual manifestó su enorme preocupación social en múltiples ocasiones, en una de ellas denunció las difíciles condiciones en que vivían los culíes chinos en la Habana, según recordó el Dr. Leal en la inauguración de la expo.
"Entre Eça de Queirós y José Martí" agrupa diez piezas de gran formato realizadas con una técnica mixta en la que predomina el colage sobre el yute y en las que llama la atención el dominio del color y la expresividad de una imagen suave, noble, ingenua que cautiva al espectador por la sensibilidad que proyecta. Acompañan cada una de las obras fragmentos literarios de Queirós y Martí reinterpretados en la propuesta plástica de Borges.

Eurico Borges, se propuso un gran reto en esta ocasión: entablar un diálogo entre dos prestigiosos intelectuales del siglo XIX que nunca se relacionaron y lo logró, a pesar de que conoció sobre el Apóstol tardíamente.

El artista aprovecha las coincidencias entre ambos intelectuales, y pone énfasis en el refinamiento del lenguaje en los textos, en el culto a la naturaleza, en los conceptos sobre la dignidad plena del hombre y en el respeto al género.
El Dr. Leal agradeció al excelentísimo embajador de Portugal en Cuba por promover la realización de la exposición de Eurico Borges en la Galería Carmen Montilla ubicada en el Centro Histórico habanero y por tender puentes culturales entre ambos países. Por su parte, el diplomático -quien asegura haberse quedado deslumbrado ante el reto de Borges- reconoció también la necesidad de incrementar los intercambios culturales "un propósito que Eurico se planteó y lo logró exitosamente".

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Sentirse siempre cobijado por el pueblo cubano es un gran privilegio, afirmó este jueves el pintor portugués Eurico Borges, al inaugurar la exposición Entre Eça de Queirós y José Martí, en la Galería Carmen Montilla. El artista, radicado en Cuba hace 13 años, vive en esta etapa una gran evolución en su obra y considera que ahora se encuentra en un momento muy importante de su carrera porque está absorbiendo los mejores valores de la vida y arte cubanos. Eusebio Leal, Historiador de La Habana, manifestó su satisfacción por esta exposición promovida por Luis Barreiro, embajador luso en esta capital, quien siempre está tendiendo puentes entre los dos países, dijo. Destacó que Martí y el gran escritor y humanista Eça de Queirós -quien fue cónsul en la urbe habanera entre 1872 y 1874- fueron dos hombres excepcionales que coincidieron en época pero nunca se conocieron en la Isla, porque el cubano estaba, en ese entonces, deportado en España. Leal evidenció que resultan asombrosas las coincidencias en la unidad de propósitos entre esas dos personalidades, en el comprometimiento con las causas justas, el culto a la naturaleza, la dignidad plena del individuo y el respeto a los géneros. Recordó que el literato portugués llegó a ser considerado un subversivo por la Capitanía General de España en la colonia, por su defensa a los derechos de los culíes chinos traídos a Cuba en condiciones de cruda esclavitud. Ambos permanecen en la fama raigal y profunda del amor entre cubanos y portugueses, subrayó Leal, quien precisó que representan un vínculo insoluble entre los hombres de la América Nuestra y el mundo.

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Como un desafío a su propia idiosincrasia europea, en la primavera del pasado año llegó a La Habana el pintor Eurico Borges. Venía con la firme determinación de lidiar en un espacio ajeno, propio del trópico, con una naturaleza humana mestiza y todo el conjunto de características inherentes al subdesarrollo caribeño. Una breve temporada de trabajo que coincidió con el vaporoso verano cubano, y un constante ir y venir por las calles y barrios que son aun mezcla de pasado y difícil presente, de inframarginalidad y esperanza, de dramatismo cotidiano y "burlesque" que suele confundirse, para la pupila turística (bien diferente a la visión soñadora de Eurico) con el sabor legítimo de la isla mayor de Las Antillas. Desde los primeros instantes Eurico se propuso protagonizar una aventura costumbrista. En eso coincidía un poco con los grabadores y dibujantes que durante el siglo XIX y en algunos momentos del XX, llegaban a Cuba con el propósito de tomar apuntes fieles y a veces humorísticos de los tipos, paisajes y costumbres que en el país predominaban. Ese avanzado portugués tomó notas gráficas de cuanto le resultaba raro y, por tanto, fabuloso.

La peripecia del transporte popular, el amor cálido en los parques, los niños jugando, "las paladares" (restaurantes no estatales), un salón de belleza típico de la vida mas común, los sitios de venta propios de la comunidad, además de personajes y personalidades que diariamente conocía, se convirtieron para él en materia prima de una interpretación plástica personal, donde el sentido caricaturesco de la forma y la estridencia del color desplegaban su percepción distanciada y a la vez participante, su sentido de la burla y una evidente combinación de sensualismo y poesía.

Si alguna relación puede verse entre esta serie Habanera de Eurico y la práctica universal del Arte, es la que lo acerca a los denominados humoristas gráficos, los ilustradores de la prensa periódica y ciertos pintores de la inclinación expresionista, en los cuales la maestría profesional correspondiente es superada por la necesidad de estampar en la imagen una figuración provista de mofa y de gracia, de registro sociológico y posibilidad de mirar con buenos ojos, incluso con ánimo de fiesta, lo que otros viven con épica y desasosiego. No obastante, la lógica deformación visual demostrada en este estilo suyo de ahora, donde los enormes labios rojos y la blanda fisonomía de cada personaje invitan simultáneamente a la sonrisa y la meditación, Eurico ha conseguido dar noticias antropológicas y sociales de La Habana, muchas veces solo identificada con la "sabrosura" de la mulata, el efecto explosivo del ron y el humo del tabaco. Eurico Borges ,ha transitado, según he podido conocer, de la pintura formalista a la representativa y de sus interpretaciones de cuadros de importantes artistas a una crisis de búsqueda que lo ha llevado, finalmente, a la caribeña "nueva-isla-utopía". En ese contexto quiso y logró una modalidad expresiva propia que mucho tiene que ver con lo que un estudioso y escritor cubano llamó el choteo, es decir, ciertos comportamientos de la psicología popular cubana que tienden a eliminar la seriedad y el dramatismo de la vida, la personalidad o la historia, colocando en su lugar una valoración equivalente de éstas pero en chanzas y a veces con visos críticos.

El choteo visualizado por las pinturas de Eurico descubre su rápida capacidad de adaptación a un medio distinto. Hay en sus obras, ni más ni menos, que una triste risotada, un enfrentamiento con el mundo folclórico donde los componentes llegados de España, África y el medio americano, que cobraron rasgos definitivamente interesantes en la nación cubana, adquieren presencia casi de historietas para adultos dentro del lusitano lanzado temerariamente a la conquista de lo que puede ser para él un hábitat exótico, valiéndose de lanzas llenas de colores y paletas que le sirven de escudo.

Manuel López Oloiva, 2000